Virginia Woolf

Tres guineas: las mujeres y la guerra

No sé por qué nunca me había leído este ensayo. Soy súper fan de Virginia Woolf de chica y nunca había pescado Tres Guineas. Nunca. Eso no está nada de bien, y por favor, usted no lo haga. ¿Cómo llegué a este libro? Bueno, en realidad fue por Susan Sontag. Estaba leyendo Ante el dolor de los demás y Sontag comienza la introducción hablando de este libro. A los cinco minutos de leer la referencia, entré a una librería y el libro estaba en el mostrador. Fue como un mensaje divino de las mujeres escritoras que amo, así que me lo regalaron y me fui con él. Además en una edición muy linda. Como soy frívola, es importante para mi tener buenas ediciones como esta.

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Tres Guineas es un ensayo. Virginia Woolf lo escribe como respuesta a una carta que había recibido, de un ilustre hombre inglés, quién le pide ayuda a las mujeres de su clase para impedir la guerra. Ante esta pregunta, Woolf escribe un tratado feminista para explicar por qué la guerra no es cosa de mujeres, y que ellas no han tenido nada que ver. Culpa a los hombres, quienes las han excluido de todo margen de cosas, de ser quiénes provocan la guerra. Para contesta la solicitud de ayuda se centra en tres argumentos claves, que representan tres guineas (moneda británica) que les otorgará a los hombres si cumplen su cometido.

El primer argumento se enfoca en que las universidades excluyen a las mujeres. Y mientras no existan universidades para mujeres, financiadas y construidas por ellas, no podrán impedir la guerra. Esto bajo el supuesto que son las universidades para hombres quiénes enseñan a provocar la guerra. Dice Virginia, ¿hace falta que recopilemos más datos de fuentes históricas y biográficas par demostrar la verdad de nuestra afirmación de que hay que renunciar a cualquier intento de poner a la juventud en contra de la guerra por medio de la educación que reciben en las universidades? ¿Pues no son esos jóvenes prueba de que la educación, la mejor educación del mundo, no enseña a despreciar la fuerza, sino a ejercerla? (p.49) Woolf hace un llamado a reconstruir las facultades, permitir el ingreso de mujeres y que ellas también participen en la creación de las universidades. Han sido los hombres los que en las universidades han alentado la guerra, porque la fuerza y destrucción, es una cosa viril. Por lo tanto, una primera forma para impedirla, es que las mujeres lleguen a las universidades y las modifiquen, para así no enseñar a provocar la guerra.

El segundo argumento es que las mujeres deben recibir dinero por sus trabajos. Deben entrar al mundo laboral, ya que sólo siendo autosustentables y teniendo empleos pueden tener el poder para impedir la guerra. ¿Por qué? Porque podrán ser independiente de los hombres y seguir su propio rumbo. Tener ingresos propios, para Woolf, es ser libres de la influencia de los hombres. Y al ser libres, no están supeditadas a apoyar o a involucrarse en una guerra que no han generado. Al ser libres, podrán competir con los hombres por los mismos puestos de trabajo, y así tener influencia real para impedir la guerra.

El último argumento, y el que más me gusta, es la idea de que para impedir la guerra las mujeres deben permanecer como outsiders y no entrar en las dinámicas masculinas, sean instituciones como sociedades. Y en consecuencia, la respuesta a su pregunta ha de ser que lo mejor que podemos hacer para ayudarlo a impedir la guerra es no repetir sus palabras ni seguir su métodos, sino buscar palabras nuevas y elaborar nuevos métodos. Podemos ayudarlo a impedir la guerra de una manera más eficaz si no nos afiliamos a su sociedad, si nos quedamos fuera, aunque en cooperación con su objetivo. (p.217)

Como saben, Virginia Woolf no era una militante activista, sino que lo hacía desde su casa y sus libros. Eso hoy en día es muy mal visto. Vaya a saber uno por qué. Imagino que Virginia Woolf siempre estaba así.

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Lo importante de este texto es reflexionar sobre los espacios de las mujeres, sobre la importancia de generar espacios propios, de ser outsiders y de revelarse ante el patriarcado en los propios términos de las mujeres. Así también, en no intentar hacerse cargo de problemas de otros, como el caso de la guerra, en que Woolf deja muy en claro que no es un problema de las mujeres y que si quieren ayudar lo harán bajo ciertas condiciones. El feminismo debería ser así y pensarse también con esa radicalidad y consciencia sobre lo que nos compete y lo que no. Es un muy buen ensayo con hartos datos y muchas muchas ideas.

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