Graham Robb·Homosexualidad

Los homosexuales no hemos avanzado mucho

Me compré un libro titulado: “Extraños: Amores homosexuales en el siglo XIX” escrito por Graham Robb. Como dice el título el libro va narrando cómo vivían los homosexuales en el siglo XIX desde distintos puntos de vista y formas de sociabilidad. Cuenta sobre donde estaban los cafés más taquilleros, qué hacía la gente cuando descubría que su mejor amigo era gay, a donde iban a buscar diversión ocasional, etc.

Les voy a contar algunos datos, pero lo importante y la tesis del libro es que: los gays no hemos avanzado mucho, porque el siglo XIX no era tan terrible como muchos de ustedes se lo imaginan. De hecho Robb llega a la conclusión que el siglo XX ha sido mucho más represivo con los gays y lesbianas que el XIX. Así que no vengan con ese cuento de que la historia avanza, porque no es así.

El caso más terrible de enjuiciamiento a homosexuales fue el de Oscar Wilde, a finales del siglo XIX, y es el caso que abre una bisagra para que las cosas empeoren en el siglo XX. El juicio de Wilde también es algo único, porque eran muy pocos los homosexuales que eran enjuiciados en esa época. No era un delito tan grave como se cree. De hecho, se empezó a llevar a la cárcel a los sodomitas con mucha fuerza en la década del 1950. Esa década es el peak de la persecución a nivel mundial. Después de eso comienza a bajar, y antes de eso el número era bajo.

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Bueno, pero ¿qué pasaba en el siglo XIX?

Hay varios puntos acá y los voy a señalar brevemente.

En el siglo XIX los médicos y psiquiatras comienzan a hacerse cargo de los homosexuales. Los empiezan a estudiar para saber por qué son así. Eso no fue algo necesariamente negativo. “Las causas alegadas de la homosexualidad atizaban la imaginación e hicieron posible que los hombres y mujeres homosexuales vieran su sexualidad como parte inherente del patrón de vida y no como una aberración“. Incluso, el hecho de que médicos se enteraran que la homosexualidad era una condición sexual legitimó verla como lo que era: una condición y no una enfermedad o algo propio del bajo mundo (diferenciándolo de los prejuicios que tenía la prostitución). De hecho Albert Moll, un médico súper bacán, fue uno de los primeros en decir que la homosexualidad era una variación de la sexualidad y que era parte de la naturaleza. Obviamente que siempre hay doctores para todo, y también existían médicos que querían curarla, y otros que encontraban que era una enfermedad. Pero también habían muchos estudios científicos que decían que era una variación de la sexualidad. Y era normal. No eran estudios truchos que nadie pescaba como los que pueden encontrar en internet, era gente bastante seria y bastante respetada por el mundo médico del siglo XIX. Un jurista y escritor muy importante, llamado Karl Henrich Ulrichs, descubrió que era gay estudiando a los gays. Salió del clóset el año 1862. Y se convirtió en un luchador por los derechos. En 1866 llega al Congreso de Juristas Alemanas para que eliminaran todas las leyes contra la homosexualidad. No lo pescaron nada. Pero al menos lo hizo.

¿Hemos avanzado en esto? No mucho. Siguen existiendo médicos y “estudios” que dicen que la homosexualidad es curable y que es una enfermedad. Y también hay leyes en contra de los homosexuales o que no protegen a las minorías de ataques de odio. Punto menos para el siglo XX y XXI.

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También en el siglo XIX hay muchos casos de homosexuales que viven juntos y hacen su vida con normalidad. La gente incluso sospechaba que eran gays, y no era algo extraño, o no demasiado extraño. Es como esos tíos medios taquillas que viven juntos hace años y nadie sabe si son gays. Bueno, lo son. Y en el siglo XIX también pasaba eso.

En el siglo XIX existía una versión de Grindr. Esto lo encontré muy bacán. Para conocer gente fugazmente escribían en los diarios distintos mensajes tales como: “Médico, 25 años, busca amigo 17-21 años” o “Dama de 36 años desea relaciones amistosas” Escribir a “Platón”. Se usaba mucho los términos de gente gay para que los inocentes que leían cacharan que era gayland. Platón, Sócrates se usaba mucho. El Grindr del siglo XIX era más romántico. Punto para ellos.

Otro punto es pensar en el lesbianismo, siempre más invisibilizado, pero era bien conocido en el siglo XIX. De hecho en Francia se les llamaba petites soeurs (pequeñas hermanas), porque se entendía que declaraban su amor vistiéndose iguales. Ja. ¿Les suena algo conocido?

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Ahora me van a decir que hoy en día nos podemos casar y que eso no pasaba en el XIX. Eso es mitad verdad, porque efectivamente hoy el Estado reconoce a las parejas homosexuales, pero antes “un número sorprendentes de vicarios y sacerdotes estaban dispuestos a realizar bodas para homosexuales y lesbianas, y también habían muchos acuerdos privados”. ¿Conocen algún cura amigo que los quiera casar hoy en día? No señor. 

El último punto, y ya más bien terrible, que cruza el siglo XIX, el XX y el XXI son los suicidios de homosexuales y lesbianas por la angustia y rechazo. Eso tampoco ha cambiado mucho. En 200 años, siguen existiendo suicidios y no es un índice que haya bajado mucho. Como dice el autor: ” la experiencia de ser gay puede haber cambiado mucho menos de lo que sugiere el movimiento de los derechos gay. Los cambios de protocolo se confunden con los cambios de actitud. Cien años después, el joven teniente [el que se suicidó por ser homosexual y por el rechazo generado] pudo de todos modos haberse suicidado, pero los deudos de su funeral habrían sentido más libertad par expresar su simpatía”.

El libro es muy interesante porque cuenta un montón de datos sobre la vida gay del siglo XIX, dando siempre cuenta que si bien hemos avanzado, ha sido poco. Les recomiendo que lo lean, porque también abre las puertas a pensar un mundo que no es tan hostil con los gays, y que siempre hemos tenido espacios amplios para vivir nuestra vida relativamente tranquila. Y que muchas personas vivieron sus vidas tranquilas, con sus parejas, incluso casados y que no ha sido una historia de puras tragedias y desgracias. A pesar de eso, siempre hay que seguir luchando por mayores derechos y mejorar nuestras vidas, pero es esperanzador pensar en todos aquellos que ya vivieron y que fueron felices siendo gays. 

 

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