Baradit

Baradit v/s los historiadores

Varios historiadores escribieron hace unos días esta columna. La tesis es que Jorge Baradit y su libro “La historia secreta de Chile” es producto de un marketing que daña la historiografía al mostrar una historia pixelada, llena de datos freaks, que no cita según las normas APA, y que finalmente, es un mal libro de historia.

Hace unos días tuve que ir a una librería de mall y me volví a sorprender con la escasez de libros de historia tanto en cantidad como en diversidad. Básicamente estaban los mismos libros que he visto en esos estantes durante años.

La pregunta que surge es la siguiente, ¿por qué los historiadores están tan enojados con Baradit? ¿No es acaso esperanzador que la gente esté interesada en comprar libros de historia? ¿Por qué no hay una vasta oferta de este tipo de libros?

Tengo la idea de que los historiadores-académicos están molestos al ver un “mal libro de historia”. En mi opinión el libro de Baradit no es historiografía, sino que es un libro de difusión que acerca a la gente a distintos eventos de la historia. Y no solo eso, también es un hit del ranking. Cualquiera puede leerlo como una gran oportunidad para salir a vender  historia.

Lo lamentable es que hace años que los historiadores no están interesados en escribir para un público masivo y eso se traduce en menos oferta en el mercado. Si no hay ofertas de libros de historia, de distintos temas, distintas perspectivas, ¿no es acaso obvio que un libro de historia novelada sea un éxito de ventas?

Y si a los académicos no les gusta que ese libro sea un éxito de ventas, ¿por qué no llevan al mercado su propios libros con sus rigurosidades académicas y demases?

Alfredo Jocelyn-Holt, historiador que fue un éxito de ventas y que ha sido reeditado hace unos años, dijo alguna vez que los historiadores están preocupados de escribir papers de 20 páginas en pos de libros que analicen fenómenos más grandes. Quisiera agregar también que no escriben libros para difundir los infinitos pasajes de nuestra historia. Simplemente escriben para ellos mismos.

Los historiadores están escribiendo papers de 20 páginas para seguir con sus carreras académicas dentro de las universidades. Papers que generalmente no llegan al público general porque están escritos con palabras complicadísimas y  están en repositorios digitales por los que hay que pagar bastante. Los papers de 20 páginas los leen otros historiadores y probablemente sus amigos y familiares. Al decidir seguir con esa idea de carrera académica sin ponerla en duda o al menos de “hackearla”, los académicos se alejaron de las librerías y de la masa, a pesar que la mayoría de ellos saca sus mágister y doctorados con platas públicas. ¿Dónde está el resultado de esa inversión? No lo sé. En las librerías y en nuestras casas al menos no.

La única manera de mejorar la calidad de los libros de historia para el público general, es publicando más y mejores libros. Si existieran 25 libros de historia cualquier persona podría elegir cuál leer o cuál le gusta más. Esto no es un problema de Baradit. De hecho, él evidenció una carencia del mercado para que nosotros los historiadores salgamos de las calefaccionadas salas de las universidades y nos pongamos a escribir libros para todos. Libros que ayuden a las personas a entender nuestra historia y a debatir el presente.

El enojo contra él es absurdo. El gremio debe hacerse cargo de que si no publicamos, otros lo harán y otros llegarán a las casas con sus ideas y si son ideas que a muchos no les gusta, bueno, publiquen libros con sus ideas, y con sus perspectivas. Pero mientras prefieran escribir extensas columnas para decir por qué un libro es malo y no escribir libros para que la gente sepa de nuestra historia, se está replicando el problema.

Se podría llegar a pensar que es un problema de las editoriales. En parte sí, las editoriales son bien tímidas para publicar. Después de Baradit vinieron varios libros de “historia freak”, la historia de 365 días, etc. Pero estoy segura que si uno escribe un buen libro de historia, uno entretenido, ágil, que interese a las personas, éste se va a vender y las editoriales no tendrán temor al publicar. De hecho, si van a cualquier país de primer mundo, verán estantes repletos de libros de historia, sobre todos los temas y en todos los niveles. Difusión, ensayos, historiografía, filosofía de la historia. Miles, muchos. Y uno puede elegir qué leer. Hago una invitación a los historiadores a combatir la tiranía del paper en pos de volver a los libros y a llenar los estantes de las librerías. La gente sigue leyendo libros y está interesada en la historia.

El éxito de Baradit es eso. Un libro para todas esas personas que están interesadas en la historia, pero no habían encontrado qué leer. Entreguemos más libros de historia para llenar las bibliotecas. 

 

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21 comentarios sobre “Baradit v/s los historiadores

  1. Hay obras y obras, como hay públicos y públicos, y eso no tiene ninguna novedad, como tampoco que siempre haya habido libros “serios” y otros de divulgación puntual y entretenida. Lo novedoso es que parece que la columnista no conoce la amplísima disponibilidad de libros de historia, con mayor o menor densidad o “seriedad”, partiendo desde bioografías, temas o hechos específicos, a historias generales, como sabemos quienes tenemos afición permanente y no de moda, por la historia. Bastaría darse una vuelta por Magallanes y ver el inmenso catálogo de literatura histórica de variados pelajes, disponible y afortunadamente de gran aceptación en el público. El tema de los “papers” y similares, se da -para bien o para mal- en toda la academia, y no es por ello excluyente de la labor editorial histórica, harto amplia, si de veras a uno le interesa. Ahora, si como parece, muchos recién están partiendo con Baradit, la culpa no es ni de ese autor, ni de los demás.

    1. Como persona ajena a su disciplina y que llevo un tiempo ya internándome en ésta, solo puedo responderte: la mayoría de los libros chilenos de historia son aburridos. Pero no ese tipo de “aburrido” con el cual te comprometes y sigues leyendo. No. Ese tipo de aburrido que te dan ganas de tirar el libro lejos y no verlo más. Es evidente que los historiadores chilenos “históricamente” han escrito para ellos y su academia (¡oh! ¡elitismo!).

      En resumen: “la culpa no es del chancho, sino del que le da el afrecho”.

      1. Creo que hay que tener cuidado con este tipo de enjuiciamientos. El hecho que encuentres muchos libros chilenos de historia aburridos, no necesariamente significa que sean malos o que su forma de escritura deba ser cambiada radicalmente solo porque lo más importante sea entretener. Lo es para ti, ningún problema, pero quizás no lo sea para todos. Además, para varios, aquí me incluyo, ser un best seller, o ser de fácil lectura, no te hace ser, automáticamente, un buen libro.

  2. Aunque estoy de acuerdo con que el problema no es Baradit, no creo que el problema de la divulgación científica pase por escribir “algo entretenido” (y esto es lo lamentable). En realidad no se puede relativizar y pensar que todo en esta vida tiene que ser divertido y fácil. Hay formas de conocimiento complejo que, por la propia naturaleza, simplemente no se puede explicar en fácil. Sería mucho más saludable propender a motivar la buena lectura y estimular el pensamiento complejo, en vez de pedirle al historiador que se transforme en un cuenta cuentos.

    1. Esta mierda de entender algo “entretenido” como necesariamente superficial y poco complejo tiene que acabarse. No tiene nada que ver. Explicar algo complejo de forma simple sólo hace más fácil la comunicación, no más tonta la idea. Un buen escritor DEBIESE ser un buen cuentacuentos, sea cual sea el tema que trate.

      1. El grado de “complejidad” depende de muchos factores. No solo depende del autor, es una relación mutua entre “autor” y “lector”. Además, depende del contenido, de la cantidad de abstracciones que pueda tener el texto, la intertextualidad, hay libros que solo se hacen más “entendibles” o más “entretenidos” si el lector ha leído otros libros y textos con los cuales los puede relacionar y criticar. Para mí, ¿son los libros “malos” porque no explican las cosas de manera simple? No lo creo. ¿Es un escritor “malo” por qué no es un “cuentacuentos”? Tampoco lo creo. Creo que se está estableciendo un juicio muy apresurado a muchos libros solo por un criterio bastante subjetivo, la “entretención”.

  3. Editorial Universitaria ha editado varios libros de Historia de Chile. Ingresen a su página web y lo confirmarán. Hay librerías que venden libros de historia pero no todas. Hay que buscar. De hecho con mi familia hemos comprado libros de Beevor, Jesús Hernàndez, W.Murray, Chris Mann, Anne Applebaum, Andriessen, Figes, Derek Zumbro,J.Attali, por nombrar algunos.
    Hay que investigar el mercado chileno a fondo para dar a conocer al público la oferta que existe para los interesados por la historia mundial y de Chile.

  4. Aunque me pareció exagerada la crítica de estos jóvenes historiadores creo que tiene razón, en cambio tu análisis de ella me parece peor porque pareciera que no entendiste la crítica que se le hace al libro de Baradit.
    Por otra parte: quizás tú seas una aspirante a historiadora pero los que escribieron el artículo de opinión ya son historiadores. Ellos están escribiendo e investigando… y están en un contextos¡ intelectualice va adquiriendo cada más peso intelectual serio. Te pusiste a la misma altura y lo único que encontré de ti fueron artículos de opinión en tu blog y frases tuyas en Twitter celebradas y debatidas por La Tercera… relacionadas al dato freak de que saliste de las Ursulinas. Saludos.

  5. Yo creo que no es del todo injusta las críticas de estos “aspirantes a historiadores”, a lo mejor un poco mezquina, pero no es un berrinche tan desubicado…
    El problema, a mi juicio, es no haber sido transparente con las intenciones del libro, y que se haya tratado de pasar por historiografía algo que no lo es, lo que no significa que no sea difusión de historia (no sugiero que esto haya sido intencionado, menos un plan maléfico diseñado por el autor… puede haber sido marketing de la editorial o simplemente así fue recibido por el público y no se corrigió esta lectura).
    Pienso en autores afamadísimos que se dedican a difundir historia sin pretensiones de hacer historiografía, como los super pop Cercas y Carrère con sus novelas de no-ficción. Sin embargo, ellos han tenido la deferencia con el público – y con sus no colegas historiadores- de explicitar que lo que hacen no tiene otra pretensión que contar una historia, con su cosecha y SIN METODOLOGÍA DE INVESTIGACIÓN.
    Además, se dan el tiempo de publicar la extensa bibliografía y lista de fuentes y documentos al final de sus NOVELAS (puede ser muy valioso para un historiador que estudie la transición española dirigirse a esa sección de “Anatomía de un instante” o de “El impostor”). Nadie podría alegar que esta sección le reste entretención a sus libros, se trata de una deferencia mínima cuando se toma el conocimiento producido por otros para hacer algo novedoso, entretenido y diferente.

  6. Lamentable que la columnista no comprenda el trasfondo de la crítica a Baradit. Que un texto sea de “divulgación” no significa que omita la deuda intelectual con los estudios e investigaciones que le han servido de base. En este caso, el rigor de “la norma APA” no es un asunto baladí. Por otra parte, he oído decir en TV a Baradit que pretende llenar un vacío dejado por los profesores de historia, y por la mala enseñanza en general. Me parece que es una afirmación no del todo verdadera (evidente que pueda haber deficiencias en la enseñanza de la historia, pero no puede ser atribuible únicamente a mala fe de los profesores y a la falta de investigación) y sumamente pretenciosa.
    Nadie podría negarse a una mayor difusión de la historia. No creo que sea relevante las credenciales académicas de quien escriba, siempre y cuando entienda y asuma las responsabilidades de sus aseveraciones. Finalmente María José ¿puedes afirmar que los historiadores no divulgan su trabajo sobre la base de una visita al mall?

    1. No tengo idea lo que ha dicho o no dicho. Me baso en el libro. Y sí, ¿dónde están las librerías en Chile? En Providencia y en los malls. ¿Hay diversidad? No.
      Y esto lo puedo comparar con muchas ciudades en el mundo que entras a la misma cadena de librerías y encuentras una diversida apabullante para todos los gustos, todos los lectores, etc.
      En Chile se difunde menos la historia, sí.

      1. Yo si tengo idea de lo que ha dicho en algunos medios de comunicación, por eso lo señalo. Pero más allá de ello (para esta discusión es absolutamente intrascendente si lo has escuchado o no), me gustaría señalar que la decisión sobre lo que se publica y se ofrece al público (lo que está en “vitrinas de los mall”) pasa por las editoriales y propias librerías, para las cuales el principal criterio no es la calidad narrativa, la diversidad temática, o si es más o menos entendible la trama del texto para el público, sino lo que se puede llegar a consumir (lo que vende un “autor x”). Entonces, la divulgación pasa menos por lo academicista de los historiadores (y su desinterés en el “populacho”), que por otros factores. Bien que Baradit divulgue (ya lo había dicho), bien que cualquiera lo haga. Ojalá que la divulgación anime a la gente conocer a Vicuña Mackenna, Barros Arana, Medina … y tantos otros. Afortunadamente hay otras librerías fuera de los malls, mejor surtidas y convenientemente ubicadas. Incluso material de primera calidad de la DIBAM gratuito en internet.
        Finalmente, sería perfecto que el que escriba hoy sobre nuestro pasado, acepte de buen grado las críticas. Escribir es sin “picarse”, es para que todos aprendamos.

      2. ¿Las librerías en Chile están en Providencia y el los mall?
        Es difícil encontrar literatura en torno a estos temas, sí, pero también es cierto que cada pueblo, que cada ciudad en Chile tiene su propia literatura. Cualquier persona que se ha paseado por las plazas del país conocerá a más de uno de estos personajes-historiadores.
        Confundes problemas editoriales con problemas de producción y problemas de distribución con problemas que definiría como “tú-no-bajando-de-plaza-Italia”.

      3. Me sitúo a medio camino entre Baradit y los historiadores. Por un lado el rechazo que su popularidad genera en círculos académicos no es nuevo ni distinto a lo que en su momento padecieron Carl Sagan (por llevar ciencia a la TV) o Pilar Sordo (in fact alguien comentó en Twitter que Baradit es «el Pilar Sordo de la Historia»). Vattimo por ejemplo dice en “Nihilismo y Emancipación” que la historiografía es por definición «retórica»: hay muchos modos de narrar la Historia; y de paso suscribe las tesis de Benjamin y Nietzsche respecto a que el supuesto sustrato «objetivo» de esta disciplina (una ciencia no exacta, recordemos) es en realidad un esquema impuesto por las clases dominantes, los «vencedores». Así, la visión escolástica, academicista de algunos historiadores profesionales es eso: una visión, pero no “la” visión, ni la de todos los historiadores. Y a este factor de índole racional hay que agregar otro menos fácil de confesar pero igual de cierto: la envidia cuando un aficionado consigue en menos de un año y con 1 libro lo que ellos no durante toda una carrera.

        Por otro lado sin embargo, los historiadores que firman la columna no están del todo equivocados y reducir su crítica a «envidia» sería injusto, inexacto y poco serio. «Cuando además esos libros están bien escritos, combinan lo anterior con la transmisión de saberes que moldean un sentido crítico de la realidad. Eso es precisamente lo que no sucede con el trabajo de Baradit», afirman, y tienen un punto. Proponer que un libro de fácil digestión va a acercar a lectores a la gran Historia es medio voluntarista, y me inquieta un poco la navaja de Ockham en que caen ciertos autores revisionistas y/o derechamente “pop” (en el sentido de escribir para el gran público) revelándoles un supuesto “lado B” que se insinúa como la versión “verdadera” (semejante a argumento falaz del tipo: “medios oficiales mienten, por tanto TODO medio no-oficial dice la verdad”) y que en manos de personas poco aficionadas a la lectura y/o que adhieran ideológicamente a las teorías de Baradit (un hombre de izquierdas, y lo digo no en sentido de prejuicio o negativo, sino simplemente descriptivo), naturalmente podrían entenderla como la versión oficial, más importante o más objetiva de la Historia, sin contrastarla con otras. A mí parecer es esa la alerta de los historiadores, no tanto un interés por desinflar el boom mediático.

        Con todo, Baradit como Germán Garmendia (“Hola soy Germán”) representan un fenómeno interesante cuando se les observa con distancia y sin pasiones: la ruptura con las convenciones de medios o sectores (académicos, editoriales) que por falta de innovación dejan terreno abierto para irrupción de autores que no serán profesionales o validados en círculos formales, pero que tienen mucho mejor olfato en materia de marketing y comunicación social.

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