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La filosofía como política: existencialistas.

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En ese mundo rebelde, igual que ocurría con los bohemios y los dadaístas parisinos de generaciones anteriores, todo lo que era peligroso y provocativo era bueno, y lo que era bonito o burgués era malo. Beauvoir se deleitaba contando la historia de un amigo suyo, el artista alemán alcohólico e indigente conocido como Wols23 (por Alfredo Otto Wolfgang Schulze, su nombre real) que merodeaba por aquella zona viviendo de limosnas y restos. Un día estaba bebiendo con Beauvoir en la terraza de un bar cuando un caballero de aspecto acaudalado se detuvo a hablar con él. Cuando el hombre se fue, Wols se volvió a Beauvoir, violento, y dijo: «Lo siento, ese tipo es mi hermano, ¡es banquero!». A ella le divirtió mucho oírle disculparse, exactamente igual que haría un banquero al ser visto hablando con un vagabundo. Tal subversión de las normas puede parecer menos extraña hoy en día, tras varias décadas de inversiones contraculturales semejantes, pero en aquella época tenía todavía la capacidad de conmocionar a algunos… y deleitar a otros. (p.26-27)

Hay una antigua pregunta que dice más o menos así: ¿La obra es valiosa por sí misma independiente de su autor o no se debe separar jamás obra de autor? Yo soy de las personas que piensa que la obra y el autor van juntos y que nunca se deben separar. Incluso, tiendo a dar unos pasos más allá y asegurar que conociendo la vida del autor uno se acerca a la obra de una manera más completa y por qué no decirlo, compleja.  La biografía es un elemento que permite una aproximación al sistema de pensamientos del autor, cualesquiera que ese sea. A raíz de ese acercamiento, la obra se puede comprender mejor, entendiendo su campo de producción y  comprendiendo, siempre a pincelazos, la forma de pensar de su autor. Sigue leyendo “La filosofía como política: existencialistas.”

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